Mucha risa

Estándar

Lunes 27 de Mayo de 2014 7:30 de la mañana. Los pasillos de las estaciones del metro están como todas las mañanas al máximo de su capacidad, en las escaleras que comunican dos muy transitadas líneas se aglomera la gente a causa de la “dosificación de usuarios” que cada cierto tiempo se aplica con el fin de que los pasajeros no excedan el cupo de los andenes y así evitar accidentes. La gente se acomoda a lo largo del pasillo y los salvajes listillos de siempre lo hacen a los costados de las escaleras, se acumula más y más gente y también más salvajes a los costados pasan 10 minutos y los empujones se hacen presentes, al abrir las puertas que controlan el flujo de gente la fila empieza a avanzar y los salvajes empiezan a empujar, como siempre creyendo que los únicos que tienen prisa y los que deben pasar primero, son ellos. Entre la presión las personas de estatura baja son las que más sufren algunas con niños gritan exigiendo que se tenga cuidado, los salvajes las ignoran. En cierto punto mi persona alcanza las escaleras mientras un individuo, tal vez salvaje o victima de los mismos se cuelga de mi mochila, una chica frente a mí cae en las escaleras mientras yo jaloneo mi mochila intentando que el fulano se suelte de ella, me suelta y ayudo junto a un señor a que la chica se levante mientras exclamo “Aguanten” esperando no ser empujado y tirado mientras tomo el brazo de la señorita. Un sujeto pasa a mi lado justo atrás de la chica (y delante de mí) riéndose en tono de burla. Para ese punto mi paciencia ya está de regreso en casa dormida en mi cama y lo primero que hago (sin pensar en las consecuencias) es hacerle tropezar y empujarlo. El sujeto voltea y me encara con un “¿Qué?”. ¿Qué te pasa? respondo mientras la gente sigue pasando a nuestro alrededor, ¿Por qué me metes el pie? me cuestiona, Pendejo, ¿mucha pinche risa no? Le pregunto, Ni quien se ría de ti güey, me estoy riendo de la morra, responde señalando al camino que siguió la joven, ¡Por eso eres pendejo! Le replico ya con un tono más elevado, ¡Huevos! ¿pues que es de ti güey? Exclama, Pobre patán, ya camina ¡no vales mierda! le respondo con gesto de sorpresa y aún mas enojado (en ese momento un servidor estaba pensando en cuanto saldría la reparación de unos lentes rotos y en cuanto tardaría en curarse un ojito morado), un señor que al parecer se dio cuenta del pleitecito me toca el hombro y dice con una sonrisa: Déjelo joven, así son, mientras el envalentonado patán al ver que no se le hizo reventar mi lindo rostro, camina entre la multitud aventando a la gente que estaba a su paso.

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