Chaos cinema

Estándar

Siempre he sido admirador del cine en general, me declaro fan de los géneros de ciencia ficción, terror y de todos sus subgéneros, del suspenso y de la animación además de las películas de súper héroes, en menor grado las comedias y aún debajo las cintas románticas.
Me gusta dejarme llevar por la música y los efectos de sonido, me gusta tener la mirada fija en la pantalla y sumergirme por completo en la trama, de vez en cuando tengo algún comentario que comparto con mi acompañante pero casi siempre me los reservo para cuando termina la función.
En años recientes mis visitas al cine se han visto adornadas por todo tipo de inconvenientes (sin contar los refrescos sin sabor y gas o los botes de palomitas llenos de boronas) que son siempre ocasionados por la falta de respeto. Creo que la gente en México no sabe ir al cine, toman a una sala de cine como una extensión de la sala de su casa, suben los pies a los asientos de enfrente sin importar que haya gente sentada ahí, creen que es un buen lugar para platicar, que los chistecitos entre diálogos nos agradan a todos y que “la chacota” es agradecida. Siento que la película no les interesa en lo más mínimo, y que acudir al cine sólo es una forma de pasar el rato.
Acabo de leer un post que informa acerca de que en Francia están dejando de proyectar la película de Anabelle porque se han presentado altercados en diferentes salas y que lo mismo sucedió el año pasado pero con la película Actividad Paranormal 4. En estos casos creo que el problema es que la mayoría de gente atraída por el género son adolescentes, que en mi más sincera opinión son (salvo algunas excepciones) medio tontitos y egoístas por naturaleza, “Es la edad” dice la gente. El sábado pasado fui con mi esposa a la última proyección de la película de terror Líbranos del Mal y me encontré con varios pubertitos que no fueron conscientes de que había más personas en la sala además de ellos. Elegimos asientos céntricos en la 4ª fila pero al llegar a la sala y ver a las personas alrededor de ese lugar, decidimos bajarnos a la 8ª fila. A pesar de huir de la gente, ya cuando la película llevaba 20 minutos, detrás nuestro se sentaron 5 pubertos que llegaron jalando asientos y riéndose. Decidimos movernos 2 asientos pero aún así el escandalo era insufrible, ya a media película se cambiaron a los asientos de atrás otros dos pubertos del género “no me alcanzó para el hotel y en mi casa no puedo fajar” y la chica cada que cambiaba de posición pateaba el respaldo de mi asiento (Esa es otra, chicas lindas ¿¡Por que no pueden mantener sus pies quietos!? ¿Tienen que estirarlos, cruzarlos y subirlos a su asiento todo el tiempo? ¿No se cansan? Esto no me molestaría si fueran cuidadosas, pero no lo son y con cada movimiento que hacen ¡le regalan un puntapié al asiento de adelante! [Creo que fue demasiado para un paréntesis… pero esto tenía que ser escrito].) La película siguió y yo seguía sufriendo de los compañeros de sala, al final no falto el “¡Chaaaaleeee!” clásico de ese tipo de películas. En el mismo artículo de Anabelle citan a un siquiatra llamado Stéphane Clerget que dice: “Algunos de esos espectadores adolescentes gestionan muy mal su angustia o están mal educados y acaban cayendo en la violencia, mientras que otros, simplemente, se aprovechan del caos generalizado para ‘dejarse llevar’”. En mi opinión se aprovechan también del anonimato que les da la oscuridad de una sala de cine y pues YOLO.
Ojala estas situaciones fueran exclusivas de funciones de terror o de pubertos egoístas… pero no es así. Me encontré en Boxtrolls a una chica que iba acompañando a otra chica que cargaba a un bebé que por el tamaño podría jurar no tenía ni 3 meses de nacido, ok si tu niño no llora pues adelante llévalo al cine, y de hecho el bebé no dio problemas, ¡pero la acompañante! Desde que entro a la sala llevaba la luz de su celular encendida y en su afán de iluminar el camino para la amiga del bebé lampareó a todos los que nos cruzamos en su camino. Atiné a decirle “Amiga para eso son las luces azules”, ella respondió de manera altanera: “¿Qué?, ¿Me dijiste algo?”, yo: “Si, es que deslumbras con tu lamparita”. No respondió de manera verbal, pero si pasó pateando a mi hija y a mi mujer de camino a su asiento y todavía al salir de la sala me señalo acusándome con el hombre que la acompañaba.
Ojala la gente entienda algún día el significado que para algunas personas tiene una película y que en todo lugar sus acciones repercutirán en la gente que está a su alrededor aunque… si eso llegara a suceder, la situación del país en general sería muy diferente. ¡Chaaaaaale!

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